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Written by Editor19 noviembre, 2025

Enrique Francisco Antonio: del caos en la ENBIO al control académico en la UIP, un operador con historial oscuro

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Con denuncias de manipulación estudiantil, represiones contra trabajadores, uso político de la educación y múltiples irregularidades administrativas en la ENBIO, Enrique Francisco Antonio reaparece ahora en la UIP

Miguel Ángel Maya Alonso

Enrique Francisco Antonio cruzó nuevamente las puertas de una institución educativa, ahora como director académico de la Universidad Intercultural del Pueblo (UIP). Lo hizo en silencio, sin discurso público, sin explicar su llegada. Pero para quienes lo conocen desde los años de crisis en la Escuela Normal Bilingüe e Intercultural de Oaxaca (ENBIO), su nombre no pasa desapercibido. Tampoco su trayectoria.

En el papel, aparece como un funcionario más, parte del círculo cercano de la rectora Sofonías Milca Antonio González, la misma administración que ha gastado más de 3.6 millones de pesos entre viáticos, banquetes, rentas y eventos, mientras los docentes siguen sin salario y los estudiantes toman clases sin marcadores, sin pizarrones, sin aulas propias.

Pero detrás del cargo, detrás de la firma, detrás del escritorio, existe un historial que pesa, de acuerdo con testimonios de la Delegación Sindical D-II-210, agrupada en el bloque identificado como “La Resistencia y la Dignidad”, quienes denunciaron las inconsistencias entre los años 2013 y 2014.

El regreso de un operador

Para quienes vivieron los años turbulentos de la Escuela Normal Bilingüe e Intercultural de Oaxaca (ENBIO), el nombre de Enrique Francisco Antonio es una cicatriz abierta. No por rumores ni por percepciones: por una larga lista de acciones documentadas por trabajadores, delegados sindicales y docentes que resistieron lo que llamaron “la época de cacicazgos y neocharros”.

Su llegada a la ENBIO —según sus propios compañeros— no fue producto de mérito académico ni de concurso completo. Ingresó sin dictamen aprobado, se mantuvo por necesidad de una asignatura pendiente y pronto comenzó a acumular capital político dentro de la escuela.

Más tarde pidió 80 por ciento de participación sindical durante cuatro años para estudiar en la Ciudad de México. El sindicato lo apoyó. Él regresó con mayor fuerza.

La Asamblea Comunitaria que lo colocó en la dirección

Enrique Francisco Antonio llegó a la dirección de la ENBIO a través de una Asamblea Comunitaria donde el voto del estudiantado, mayoritario, fue decisivo. La delegación sindical no lo respaldaba. Aun así, asumió el cargo.

Desde ese momento, según testimonios de la Delegación D-II-210, los estudiantes dejaron de ser estudiantes para convertirse en operadores. Las decisiones internas comenzaron a pasar por el Comité Estudiantil, un órgano que —de acuerdo con los trabajadores— él mismo había cultivado con anticipación.

Represiones, castigos y descuentos masivos

Ya como director, Enrique Francisco Antonio aplicó descuentos a 22 trabajadores. Las razones, según el sindicato, no fueron académicas, sino políticas: los trabajadores habían defendido a su Secretario General tras agresiones realizadas por estudiantes alineados al grupo directivo.

No fue el único episodio.

Los docentes recuerdan que listas oficiales incluían nombres de personas sin vínculo laboral, que se usaban recursos y espacios académicos para favorecer relaciones personales, y que se ignoraban oficios e instrucciones del Departamento de Formación y Actualización de Docentes.

Para la base trabajadora, aquellos meses representaron el quiebre de la normal, no por los estudiantes, sino por un liderazgo que —en palabras de ellos— confundió el cargo con el poder.

El día más oscuro: la privación de la libertad

La tensión alcanzó su punto máximo el 12 de diciembre de 2013, cuando el Comité Estudiantil privó ilegalmente de la libertad al secretario general de la Delegación D-II-210. En ese mismo momento, Enrique Francisco Antonio enviaba un oficio a las autoridades educativas concentrando a ese mismo docente en otra área.

Para los trabajadores, la sincronía no fue coincidencia: fue el reflejo más claro de una alianza entre directivos y estudiantes para desplazar, presionar y someter a quienes no se alinearan.

De la ENBIO a la UIP: la sombra que vuelve

Hoy, Enrique Francisco Antonio reaparece en el organigrama de una universidad que enfrenta su propia tormenta: recursos públicos sin transparentar; 3.6 millones de pesos gastados por rectoría; maestros seis años sin salario; 17 unidades académicas en instalaciones prestadas y aulas sin lo mínimo para enseñar.

La presencia de una figura con ese historial no pasa inadvertida.

Para muchos docentes de la UIP —que nacieron como proyecto de tequio pedagógico y hoy sobreviven sin pago ni respaldo institucional—, el regreso de Enrique Francisco Antonio es más que una coincidencia: es una advertencia.

Una señal de que los viejos métodos, las viejas alianzas, los viejos cacicazgos pueden estar tomando nuevos espacios con nuevos nombres, pero con la misma lógica: control, opacidad, verticalidad, silencios.

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