La capital del miedo: Oaxaca de Juárez y la crisis de seguridad
Entre estadísticas oficiales, percepción ciudadana y violencia cotidiana, la capital oaxaqueña enfrenta una creciente desconexión entre el discurso institucional y la experiencia real de inseguridad en las calles. Mientras el gobierno municipal insiste en avances en materia de seguridad, ciudadanos, comerciantes y víctimas aseguran vivir una realidad marcada por el miedo, los robos y la desconfianza hacia las autoridades
Miguel Ángel Maya Alonso
Dulce, una estudiante de 16 años, hacía su tarea detrás del mostrador de una tienda de abarrotes sobre la Avenida José Murat cuando una mujer ingresó al negocio armada con un desarmador y le exigió el dinero de la caja. La joven gritó. Comerciantes y vecinos acudieron rápidamente para auxiliarla y lograron someter a la agresora mientras solicitaban apoyo policial. Pero lo que ocurrió después terminó dejando una sensación todavía más inquietante.
De acuerdo con testigos, tanto elementos de la Policía Estatal como municipales insistieron en que no era necesario presentar una denuncia debido a que “no se había consumado el robo”. Los policías, según vecinos presentes, presionaban para evitar el procedimiento legal. “Es que quieren evitarse el papeleo”, señaló uno de los comerciantes.
El episodio podría parecer menor dentro de las estadísticas criminales, pero evidencia una realidad mucho más profunda: en Oaxaca de Juárez la inseguridad no solamente se refleja en los delitos denunciados, sino también en la percepción cotidiana de vulnerabilidad, en el miedo constante y en la creciente distancia entre el discurso oficial y lo que ocurre diariamente en las calles.
La administración encabezada por Raymundo Chagoya Villanueva ha insistido en distintos momentos en el fortalecimiento operativo, la coordinación institucional y el incremento de acciones en materia de seguridad pública. En redes sociales oficiales, el propio presidente municipal ha difundido reuniones de seguimiento y reforzamiento de estrategias bajo mensajes que aseguran que Oaxaca de Juárez avanza “por una ciudad más segura y ordenada”. En las calles, sin embargo, el ambiente se siente distinto.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía correspondiente a marzo de 2026 revela que el 70.5 por ciento de la población considera inseguro vivir en Oaxaca de Juárez, una cifra superior al promedio nacional, situado en 61.5 por ciento.
La encuesta muestra además que el miedo se intensifica particularmente en los espacios públicos. Apenas el 27 por ciento de las personas manifestó sentirse segura en la calle; en mercados, la percepción positiva descendió a apenas 20.3 por ciento. En carreteras, únicamente el 34.9 por ciento de los ciudadanos dijo sentirse seguro, mientras que en bancos la cifra alcanzó apenas el 35.7 por ciento.
Los únicos espacios donde la percepción mejora son aquellos vinculados al ámbito privado. El 76.6 por ciento afirmó sentirse seguro en su hogar y el 68 por ciento en su lugar de trabajo.
El contraste es evidente: en Oaxaca de Juárez la seguridad parece haberse convertido en una experiencia limitada al espacio personal, mientras las calles, mercados y vialidades continúan asociados al riesgo.
El problema no es solamente estadístico. La percepción de inseguridad impacta directamente en la vida cotidiana. Negocios que cierran más temprano, ciudadanos que evitan salir de noche, rutas modificadas por temor y espacios públicos cada vez más vacíos forman parte de las consecuencias sociales del miedo urbano.
En varios negocios del centro y de colonias periféricas, comerciantes aseguran que el tema de la inseguridad ya forma parte de las conversaciones cotidianas. Algunos optan por cerrar más temprano; otros simplemente dicen haberse acostumbrado a trabajar con miedo.

Cifras oficiales: reducción parcial y delitos al alza
Las cifras oficiales sobre incidencia delictiva muestran un comportamiento aparentemente contradictorio. De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública analizados por el Observatorio Nacional Ciudadano, la tasa total de delitos por cada 100 mil habitantes en Oaxaca de Juárez se ubicó en 150.86 durante marzo de 2026, una disminución de 4.01 por ciento respecto al mismo periodo de 2025.
Sobre el papel, las cifras parecen positivas. Sin embargo, detrás de esa disminución general existen delitos que muestran incrementos importantes y que afectan directamente la percepción ciudadana de inseguridad.
Uno de los casos más notorios corresponde al robo de negocio. Mientras en marzo de 2025 la tasa era de 5.72 casos por cada 100 mil habitantes, para marzo de 2026 ascendió a 9.48, lo que representa un incremento anual de 65.61 por ciento. Respecto a febrero de 2026, el delito también aumentó 31.58 por ciento.
El aumento coincide con las constantes denuncias de comerciantes que reportan asaltos, cristalazos y robos en distintas zonas comerciales de la ciudad.
El robo de vehículo también mostró crecimiento. La tasa pasó de 14.88 en marzo de 2025 a 17.44 en marzo de 2026, reflejando un incremento anual de 17.20 por ciento.
Las lesiones dolosas representan otro de los delitos con mayor aumento. En marzo de 2025 la tasa era de 9.92; para marzo de 2026 ascendió a 14.78, un incremento anual de 49.05 por ciento. Incluso respecto al mes anterior, el aumento fue de 39.29 por ciento.
El robo con violencia, uno de los delitos que más afecta la percepción ciudadana, mostró igualmente fluctuaciones importantes. Aunque registró una disminución anual de 8.69 por ciento, en comparación con febrero de 2026 presentó un incremento de 47.83 por ciento.
En el caso de la violación, aunque el indicador mostró una disminución anual de 36.77 por ciento, durante marzo de 2026 se registró un aumento mensual de 75 por ciento respecto a febrero. La violencia familiar también presentó un incremento mensual de 37.93 por ciento.
Otro dato relevante es la reaparición del feminicidio en las estadísticas oficiales. Mientras en marzo de 2025 y febrero de 2026 no se registraban casos, para marzo de 2026 la tasa alcanzó 0.71 por cada 100 mil habitantes.
Aunque algunas cifras muestran reducciones, como el homicidio doloso o el robo a casa habitación, los repuntes mensuales y el incremento de delitos patrimoniales continúan alimentando la sensación de vulnerabilidad social.

La inseguridad que no aparece en las estadísticas
Especialistas en seguridad pública advierten que uno de los principales problemas del análisis institucional consiste en reducir la seguridad a indicadores estadísticos sin considerar la experiencia cotidiana de la población. El sociólogo y criminólogo Loïc Wacquant ha señalado que las estadísticas delictivas por sí solas no permiten comprender completamente la dimensión social de la inseguridad, debido a que factores como el miedo, la percepción de abandono institucional y las condiciones urbanas también forman parte de la experiencia de violencia en las ciudades.
En el mismo sentido, el criminólogo británico David Garland sostiene que la seguridad pública no puede analizarse únicamente desde registros oficiales, ya que la percepción social del delito modifica la manera en que las personas utilizan y viven el espacio público. Además, existe un factor que vuelve aún más compleja la interpretación de las cifras oficiales: la llamada “cifra negra”.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en Oaxaca alrededor del 94 por ciento de los delitos no son denunciados o no derivan en una carpeta de investigación. Es decir, únicamente una mínima parte de los delitos cometidos llega a incorporarse a los registros oficiales.
El propio INEGI ha documentado que delitos como la extorsión alcanzan niveles de no denuncia superiores al 98 por ciento, mientras que robos, amenazas y lesiones también presentan altos niveles de subregistro.
Organizaciones como México Evalúa y el Observatorio Nacional Ciudadano han advertido que esta cifra negra distorsiona la interpretación de la incidencia delictiva, debido a que una disminución en carpetas de investigación no necesariamente implica menos delitos, sino también menor denuncia y desconfianza institucional.
Las razones detrás de este fenómeno son múltiples: desconfianza hacia las autoridades, percepción de impunidad, burocracia institucional o la creencia de que denunciar no generará resultados reales. En otras palabras, una parte importante de la violencia cotidiana en Oaxaca nunca entra a las estadísticas oficiales. Y aun así, la gente la vive todos los días.
Ahí es donde aparece una de las principales contradicciones del problema: mientras las cifras institucionales intentan reflejar control y disminución delictiva, la experiencia cotidiana de numerosos ciudadanos parece avanzar en sentido contrario.
La violencia que ya alcanzó el Centro Histórico
La percepción de inseguridad en Oaxaca de Juárez no surge únicamente de las estadísticas o de las redes sociales. También se alimenta de hechos violentos que ocurren en espacios públicos altamente transitados y que generan un fuerte impacto social.
Uno de los casos que provocó mayor indignación ocurrió sobre la calle Valerio Trujano, entre Díaz Ordaz y J. P. García, a escasas cuadras del Zócalo capitalino. Una mujer fue asesinada con arma blanca durante un presunto asalto dentro de un local comercial.
De acuerdo con los primeros reportes, el agresor ingresó al establecimiento y atacó a la víctima luego de que, presuntamente, se resistiera al robo. La mujer, quien atendía una tienda de ropa, murió debido a las heridas sufridas.
El crimen ocurrió a plena luz del día en una de las zonas más transitadas de Oaxaca de Juárez, generando indignación entre comerciantes y ciudadanos.
“Estamos cansados de vivir con miedo”, señalaron personas presentes tras el ataque, responsabilizando directamente a las autoridades municipales por la falta de resultados.
El caso se convirtió rápidamente en símbolo del deterioro de la percepción de seguridad en la capital del estado. Porque si un asesinato puede ocurrir en pleno Centro Histórico, a plena luz del día y frente a decenas de personas, la idea de una ciudad segura comienza a fracturarse incluso en los espacios más visibles.
La situación se vuelve aún más compleja en colonias periféricas, donde vecinos denuncian menor presencia policial, deficiencias de alumbrado público y tiempos de respuesta insuficientes.
La inseguridad ya no es solamente un problema policial. En muchas colonias también se mezcla con calles oscuras, falta de alumbrado, patrullajes insuficientes y espacios públicos deteriorados.
Especialistas en análisis urbano señalan que la iluminación, el transporte, la planeación urbana y el acceso a servicios también influyen directamente en la percepción ciudadana.
Pese a ello, el discurso oficial continúa centrándose principalmente en operativos, despliegues institucionales y reuniones de coordinación.
La contradicción entre percepción y cifras no necesariamente demuestra manipulación directa de estadísticas, pero sí evidencia una profunda desconexión entre los mecanismos institucionales de medición y la experiencia cotidiana de la población.
Una ciudad que ya no confía en su gobierno
La percepción de inseguridad en Oaxaca de Juárez no solamente se refleja en el miedo cotidiano de la ciudadanía, sino también en la creciente desconfianza hacia las autoridades encargadas de atender el problema.
De acuerdo con la ENSU del INEGI correspondiente a marzo de 2026, el gobierno municipal encabezado por Raymundo Chagoya Villanueva registra más desconfianza que confianza entre la población adulta de la capital oaxaqueña.
Los datos revelan que únicamente el 46 por ciento de la población de 18 años y más manifestó tener “mucha o algo de confianza” en el gobierno municipal, mientras que el 54 por ciento expresó “algo o mucha desconfianza”.
En términos absolutos, 259 mil 321 personas afirmaron desconfiar del gobierno municipal encabezado por Raymundo Chagoya Villanueva, frente a 220 mil 779 ciudadanos que señalaron tener algún nivel de confianza.
El indicador coloca al gobierno municipal por debajo incluso de la confianza registrada hacia el gobierno federal en Oaxaca de Juárez, que alcanzó 61.8 por ciento de percepción positiva. El gobierno estatal, por su parte, obtuvo 46.9 por ciento de confianza y 52.7 por ciento de desconfianza.
Pero la desconfianza ciudadana no se limita únicamente al ámbito político o administrativo. También alcanza directamente a la corporación encargada de la seguridad cotidiana en la ciudad.
La ENSU revela que la Policía Preventiva Municipal, institución bajo responsabilidad directa del ayuntamiento capitalino, es la autoridad de seguridad peor evaluada por la población de Oaxaca de Juárez.
De las 405 mil 119 personas que identifican a la corporación municipal, únicamente 168 mil 931 consideran que su desempeño es “muy o algo efectivo”, lo que equivale a apenas 41.7 por ciento de percepción positiva.
La cifra coloca a la policía municipal muy por debajo de las corporaciones federales e incluso de la Policía Estatal.
La Marina encabeza la evaluación ciudadana con 87.8 por ciento de percepción de efectividad; el Ejército alcanza 84.5 por ciento; la Guardia Nacional 81.5 por ciento y la Fuerza Aérea Mexicana 82.1 por ciento.
Incluso la Policía Estatal supera ampliamente a la corporación municipal, con una percepción positiva de 57.8 por ciento.
El dato deja ver algo importante: la ciudadanía sí distingue entre instituciones de seguridad y mantiene niveles de confianza considerablemente más altos hacia corporaciones federales que hacia las autoridades municipales.
Especialistas en seguridad pública han señalado que la percepción de efectividad policial constituye uno de los principales indicadores de legitimidad institucional. Cuando una corporación pierde credibilidad ante la ciudadanía, disminuye la denuncia, aumenta la cifra negra y se debilita la colaboración social en tareas de prevención del delito.
En Oaxaca de Juárez, los resultados de la ENSU muestran precisamente ese escenario: una ciudad donde la percepción de inseguridad, la desconfianza hacia el gobierno municipal y la baja evaluación de la Policía Preventiva parecen avanzar de manera paralela.
El dato adquiere mayor relevancia en un contexto donde la administración de Raymundo Chagoya Villanueva ha insistido constantemente en el fortalecimiento de la seguridad pública mediante operativos, reuniones de coordinación y despliegues institucionales.
Sin embargo, la percepción ciudadana parece avanzar en sentido contrario. Porque mientras las autoridades hablan de avances, en Oaxaca de Juárez mucha gente sigue modificando rutas, cerrando negocios más temprano y mirando con desconfianza las calles de su propia ciudad.
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