Juan Carlos Zavala
“El tema está muy cabrón… Aquí no llega el Plan Juchitán porque les da miedo; pero son frecuentes los ataques armados, las ejecuciones y la extorsión”, afirma Omar, habitante de Matías Romero Avendaño, municipio ubicado en la zona norte de la región del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca.
Las zonas más vulnerables, dice mientras comparte imágenes del reciente asesinato a balazos de una pareja que viajaba a bordo de una camioneta blanca, son Pueblo Nuevo, La Oaxaqueña e Hidalgo.
Matías Romero Avendaño es una de las poblaciones del Istmo de Tehuantepec en las que se ha acentuado la violencia relacionada con el crimen organizado, y sobre todo, los asesinatos con armas de fuego.
Sin embargo, Juchitán de Zaragoza se ha convertido en el epicentro de la violencia en esta región de Oaxaca, que según las autoridades, se debe a la disputa territorial y “reacomodo” de grupos criminales responsables de la comisión de diversos delitos y algunos de los cuales, tienen vínculos con organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa.
La violencia orilló a las autoridades del gobierno del estado a lanzar el llamado “Plan Juchitán” con el que resolver de manera integral la inseguridad en este municipio, con la implementación de programas sociales dirigidos principalmente a los jóvenes, entre otras acciones; pero que hasta la fecha, no tiene resultados visibles o concretos, porque continúan los asesinatos.
Radiografía criminal en el Istmo de Tehuantepec
En la región del Istmo de Tehuantepec, se tienen identificados formalmente siete grupos delictivos, según datos de la Fiscalía General de Oaxaca.
Estos grupos delictivos se distribuyen de la siguiente manera: en la zona norte, Matías Romero Avendaño y Palomares, localidad del municipio de San Juan Guichicovi; en la zona sur, la presencia de un grupo con base en Salina Cruz; en Santo Domingo Tehuantepec, un grupo con presencia diferenciada; en la frontera con Chiapas, dos grupos que operan en esa franja; y en Juchitán de Zaragoza, al menos tres grupos con presencia local y nexos hacia otras organizaciones de mayor alcance.
“Juchitán de Zaragoza es el municipio con la mayor concentración de hechos violentos de la región, operan por lo menos tres células con vínculos hacia estructuras criminales de mayor tamaño, lo que explica la intensidad y recurrencia de la disputa armada registrada en ese municipio”.
Del total de células identificadas, se documentan vínculos directos de al menos dos liderazgos con organizaciones de delincuencia organizada de alcance nacional: Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa.
Área delictiva
Las células delictivas de la región, de acuerdo con el informe de la Fiscalía General de Oaxaca, desarrollan un catálogo diversificado de actividades ilícitas, entre ellas, el narcotráfico y narcomenudeo (venta y distribución de estupefacientes), cobro de piso a comercios, transportistas y particulares, extorsión, robo de vehículos, tráfico de armas, tráfico de personas / migrantes, robo de hidrocarburos, y el homicidio, como mecanismo de control territorial y ajuste de cuentas entre estructuras rivales.
Disputa territorial, causa de la violencia
Según la Fiscalía General de Oaxaca, la violencia en la región del Istmo de Tehuantepec – la cual se ha concentrado mayormente en Juchitán de Zaragoza, sólo en este municipio en lo que va de 2026 se han registrado más de homicidios, conforme a los reportes oficiales del gobierno del estado – se debe a la disputa por el dominio de plazas para la venta de droga, el cobro de piso y el tráfico de personas.
“Esto explica la mayoría de los eventos violentos documentados, tanto entre células locales como entre éstas y los grupos vinculados a “Cromo” y otras estructuras con nexos nacionales”.
La violencia registrada, reitera el informe, obedece a una disputa territorial y a un proceso de reacomodo entre los grupos delictivos que operan en la región.
El objetivo de esta disputa es doble, asegura. Por un lado, ampliar el territorio de venta de droga y conservar o incrementar el poder económico derivado del control de las actividades ilícitas.
Y sostiene que el reacomodo constante —consecuencia de la fragmentación en múltiples células con liderazgos propios— es identificado como la causa principal del elevado índice de homicidios dolosos en esta zona de Oaxaca.
Al menos cuatro causas de la violencia en el Istmo: especialista
Olaf Iván Corro Lara, especialista en análisis y estrategias de seguridad y gobernabilidad, y ex secretario de Protección Ciudadana de Oaxaca, advierte cuatro de la violencia continuada durante los últimos tres años en la región del Istmo de Tehuantepec.
La primera de ellas es el factor económico, porque la región se volvió más “rentable” para el crimen a partir de la introducción de los parques eólicos y del Corredor Interoceánico, y los proyectos alrededor de este corredor, desde el gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto. “Hay más dinero circulando. Hay muchos contratos”.
El segundo factor está relacionado con la parte organizativa de los grupos delincuenciales en esta zona de Oaxaca, es decir, en la región no hay un grupo hegemónico del crimen organizado como ocurre en otras entidades del país: “no hay un cártel”, sostiene. Más bien, apunta, son células o mafias locales que tienen mucha autonomía, que se manejan por sí solas, bajo sus propios criterios y no mantienen una disciplina organizacional ni una estructura jerárquica que ordene o mande. Esto, recalca, “paradójicamente” eleva la violencia porque no hay un “jerarca” capaz de imponer orden.
Un tercer factor, está relacionado con la actuación de las instituciones. Iván Corro afirma que las autoridades han demostrado tener la capacidad de realizar detenciones y acciones contra estas células delictivas, lo cual se demuestra con las más de 200 aprehensiones de presuntos delincuentes, la mayoría de ellos, vinculados a un grupo criminal identificado como “Los Cromo”.
Sin embargo, señala que las instituciones no tienen la capacidad de permanecer en estos lugares donde prevalece la violencia: llegan con sus operativos, detienen algunas personas e inmediatamente se retiran; “pero el extorsionador sigue ahí, ahí vive”, dice.
Finalmente, la cuarta causa, está relacionado con el tejido comunitario, político y agrario de la región del Istmo de Tehuantepec. En esta zona de Oaxaca, detalla, hay una historia de conflictos previos que llevan décadas y que tienen que ver con problemas de tierras, de límites, de representación política o agraria, con el transporte público, entre otros.
Entonces, explica que el crimen no llegó a “un territorio vacío”, sino que se montó sobre estructuras que ya estaban en la región.
“Cuando hablamos del tejido comunitario, si tú adviertes, en todos los lugares del estado de Oaxaca, como a nivel nacional, donde hay gente del mismo lugar se lleva sus tradiciones, sus fiestas, su comida y se sienten orgullosos justamente de todo ese bagaje cultural que tiene el Istmo; pero si hay conflictos previos, y abandonaron prácticamente, todos los vacíos se llenan y estos se llenan con estas estructuras de magias locales”, detalla.
“El Cromo versus otros grupos”: Rodríguez Alamilla
El fiscal de Oaxaca, Bernardo Rodríguez Alamilla, asegura que la violencia en la región del Istmo de Tehuantepec está concentrada en Juchitán de Zaragoza, con “reminiscencias” en Matías Romero,
Pero particularmente en Juchitán, señala, se debe a que células delictivas afines a “El Cromo” – uno de los principales líderes criminales de la zona, según la Fiscalía del estado, buscan “cobrar piso” a otros grupos sociales como los mototaxistas del sector transporte público; y que éstos, al negarse, son asesinados o son objeto de este tipo de ataques.
“Hay un proceso de articulación de las autoridades, como ustedes saben Juchitán ha tenido en el último año una mayor presencia de las instituciones de seguridad, pero también de instituciones para la atención a las causas. Esto no surgió de la noche a la mañana. Hay una atención fuerte para inhibir los homicidios”, afirma.
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