Ser testigo del feminicidio de una madre

  • La madrugada del  22 de junio de 2013 * un maestro jubilado disparó contra su esposa, quien dormía junto a su hija de 13 años. La mujer lo había demandado por maltratos y pensión alimenticia. Él lleva siete años prófugo 

Texto: Miguel Ángel Maya 

Fotografía y video: Antonio Mundaca

Producción y Edición:  Karen Rojas Kauffmann 

Ilustración: María Vigne 

Infografía: Daniel Cid Berthely

SANTIAGO, JAMILTEPEC, OAXACA.-  Un estruendo la despertó. Al abrir los ojos vio el cuerpo inerte de su madre. Y, a un costado de la cama, vio que su padre apuntaba con una pistola. Era el 22 de junio de 2013.

El 22 de junio del 2013, Liby*, de entonces 13 años, dormía con su madre, Mónica, en su vivienda ubicada en el municipio de Jamiltepec en la Costa de Oaxaca. 

El miedo las obligó a eso. La niña había sido testigo de innumerables ataques de su padre contra su madre: violencia física y psicológica. Esa noche, el seguro de la puerta no fue suficiente.

Él tenía las llaves de la recamara, “a mí me despertó el sonido, pero era demasiado tarde, estaba frente a la cama con el arma, yo me quedé paralizada y no supe qué hacer, tenía miedo”, eran las tres de la mañana y el mundo de Liby se detuvo. 

El llanto es inevitable mientras Liby relata lo ocurrido ese día. Ya no es una niña; es una joven. Estudia una carrera profesional, y vive con su tía Mireya, quien está a su lado, y la apoya incondicionalmente.

Sus pequeñas manos forman puños mostrando la ira que no libera después de tanto tiempo, después de tantos intentos fallidos por olvidar, después de tanto odio reprimido.

“Él se acercó al lado donde estaba mi mamá y la tiró al piso y me dijo que me metiera al otro cuarto, donde él dormía. Ahí me encerró”. El miedo la paralizó, había perdido a su madre.

Su cuerpo es frágil. Sus ideas son claras, aunque dolorosas. De sus profundos ojos despide tristeza, pero también fuerza, que es visible con el valor de contar y recordar.

Encerrada, escuchó como su padre arrastraba el cuerpo de su mamá por las escaleras, “yo no sabía qué hacer, tenía mucho miedo. Escuché que mi familia me criticó que, por qué no grité, por qué no pedí auxilio, pero si supieran que yo tenía mucho miedo, le tenía miedo a él”. 

Su respiración se hizo cada vez más fuerte, mientras su semblante se ensombreció. Las lágrimas dejaron de fluir y la impotencia que sintió ese día se convirtió en rabia. La descripción de la escena del crimen de su madre la atormentó.

Cuando escuchó que su padre subía de nuevo, Liby sintió que su vida corría riesgo. La amenazó, “me dijo que todo lo que había pasado era por mi error y que si me dejaba vivir era para que yo cargará con la culpa y me amenazó que si decía algo me iba a ir mal”.

Le prohibió que los funerales de su madre se realizarán en su casa. El asesino salió a las siete de la mañana y nunca más volvió “nunca lo he visto de nuevo”.

Mientras detallaba el asesinato de su madre, Liby sentía ganas de regresar el tiempo, de cambiar la historia. Pero es imposible. Sin embargo, está segura de que contar su historia puede cambiar algo en actualidad, combatir la violencia de género.

“Y yo me quedé ahí. No sabía que había pasado, no entendía porque a mí, por qué a mi mamá”, al amanecer gritó lo más fuerte que pudo; su abuela, la mamá de su papá la escuchó, le abrió la puerta y “mientras bajaba veía la sangre que había dejado mi mamá cuando el tipo este la bajó”.

La carga emocional la venció y el llanto fue más intenso. Buscó consuelo, ese que sabe que nunca llegará. El relato llegó hasta donde debía.

El asesino abandonó el cuerpo de Mónica a un costado del lavadero. Liby la cubrió con una cobija y lloró… 

Los huérfanos de los feminicidios

Liby y su hermano Saúl forman parte de los huérfanos de la violencia feminicida, que se cuenta de a miles en México. Pero apenas se conoce un puñado de casos.

“Exijo justicia, porque desde que mi mamá no está, mi vida ha sido muy difícil. He tenido el apoyo de mi familia y lo agradezco mucho, pero mi mamá siempre me va a hacer falta”, afirma Liby.

La mirada de la joven se pierde en la pared, mirada que parece traspasar el tiempo, que parece revivir a cada instante la imagen del asesinato de su madre y del rostro de su papá, que la marcó para siempre.

La niñez de Liby fue complicada. Siempre vivió en un ambiente de violencia familiar, y el llanto y los golpes eran su pan de cada día. “Me acuerdo mucho de que él me decía que mi mamá no me quería, que cuando supo que estaba embarazada de mí, ella no me quería tener”, lo que su madre le desmentía.

La aflicción reflejada en su rostro aumenta con cada palabra, con cada suspiro, con cada recuerdo. Los sollozos se convierten llanto y las palabras en sonidos incomprensibles.

Su hermano Saúl fue producto de una relación previa de su madre, lo que su padre siempre utilizó para atacarla. “Mi mamá se dedicaba a vender gelatinas, mole, hacía de todo un poco, iba a traer leña para vender, para sacar adelante, tanto a mí, como a mi hermano”.

La desesperación de no saber

El municipio de Jamiltepec se ubica a siete horas en automóvil de la ciudad de Oaxaca, en donde vive Mireya Pérez, hermana de Mónica, a quien la angustia, la tristeza y la incertidumbre, la embargaron.

“A las ocho y media de la mañana del 22 de julio del 2013 me llamaron y me dijeron: que mi hermana Mónica está muerta”, recuerda Mireya. “No sabía la violencia que padecían mi hermana y mi sobrina, pues cada que íbamos no nos permitía entrar a su casa”.

El desconocimiento de la causa del fallecimiento de su hermana la atormentaba. Cuando arribó a su pueblo que se enteró de lo ocurrido. Ni siquiera se había comprado un ataúd para el cuerpo.

Mireya se convirtió en la madre de Liby, a quien ha cuidado desde hace seis años, y el amor se ha multiplicado con las penumbras que han padecido, con el dolor en común de perder a su madre, a su hermana.

Ambas, se han apoyado en la organización civil Consorcio Para el Diálogo Parlamentario y Equidad, Oaxaca, ya que los recursos económicos son escasos para su familia, y viven al día.

Antes del feminicidio

Debido a los malos tratos por parte de su marido, Mónica buscó apoyo de una psicóloga, quien le explicó que tanto ella como su hija sufrían violencia, lo que les ocasionaba un trauma.

Así que Mónica decidió separarse de su esposo, además de exigir manutención para que su hija tuviera que comer y continuar sus estudios. Sin embargo, al enterarse el demandado, quien era profesor jubilado, enfureció.

“Después, cuando llamaron a mi mamá, el abogado que estaba llevando el caso preguntó por qué estaba peleando eso, que ya lo dejara en paz y que se pusiera a trabajar. Que ya no peleará con el señor, que ya estaba grande y que le hiciera cariñitos y con eso se acontentaba”, recuerda la hija de Mónica.

Pronto se irían a vivir a otro lugar, Mónica ya lo tenía todo planeado. Sin embargo, su esposo compró un arma, “para defenderse”. Entonces fue que el esposo la mató.

“Nunca se callen, la violencia no sólo son golpes. A veces están presentes en las palabras”, pide Liby. Mientras que el presunto asesinó, Erasmo Ramiro López Castañeda, actualmente de 73 años, está prófugo: la justicia no ha llegado.

La historia no olvida

Fueron mil 660 casos de violencia contra las mujeres los que documentó la organización civil Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca en su informe La Historia no Olvida Violencia Feminicida en Oaxaca durante el sexenio de Alejandro Murat Hinojosa, que inició el 1 de diciembre del 2016, con un corte al 30 de septiembre del 2019.

“Estos datos que de por sí muestran una gravedad importante respecto de la violencia contra las mujeres no representan el total de casos que ocurrieron en Oaxaca pues existe un subregistro ya que nuestras bases de datos se elaboran a partir de los diarios locales en Oaxaca, en los que no aparecen todos los casos de violencia que suceden en nuestro estado”, especifica la investigación.

Consorcio documentó 11 feminicidios durante el primer mes de gobierno de Murat Hinojosa, en 2017 registró 118 mientras que, en 2018, 117. Hasta el 30 de septiembre de 2019 se reportaron 105 en los principales diarios de la ciudad de Oaxaca, método que utiliza la organización civil para contabilizar los homicidios por violencia de género.

El organismo civil recuerda que desde hace 15 años iniciaron con los registros de la violencia feminicida en Oaxaca, cuando la situación no parecía tan grave como en este momento, que la problemática es alarmante, asegura; en 2004, se documentaron 46 feminicidios y de enero a septiembre de 2019 han documentado 105. 

“En quince años mil 207 mujeres fueron víctimas de feminicidio ante la omisión, la negligencia, la impunidad de las autoridades y la indignación de la sociedad civil que salió en infinidad de marchas a exigir justicia, que realizó diversas reuniones para organizar su rabia y que ha hecho hasta lo imposible por movilizar un nauseabundo sistema de justicia”, afirma Consorcio.

*Los nombres y datos de los testigos para esta investigación fueron cambiados por petición de las víctimas para poder contar su historia. 



Categorías:REPORTAJES

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